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Los rompe-manifestaciones


El periodista colombiano Gustavo Gómez se sumergió en el Escuadrón Móvil Antidisturbios o Esmad, el cuerpo de infantería de su país para saber cómo es vivir entre pedradas, gases lacrimógenos, protestas estudiantiles, hinchas furibundos de fútbol y unos hombres que tienen como trabajo evitar la violencia. Escribió la crónica Un mes en el ESMAD y ahora comparte su experiencia con nosotros.

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“Su labor es de disuasión, tienen que tratar que por su sola presencia la gente se sienta intimidada. Durante uno de los días que estuve en el asunto, en un partido mandé unas fotos por teléfono a casa, y al llegar mi mujer que cuenta que mis hijos de 6 y 8 años preguntaron: ¿por qué papá está con Darth Vader? Usan el traje para diferenciarse de la policía normal que se visten de verde.

“Lo primero que hacen es pararse frente a la gente en una formación estilo escuadrón romano. Es importante que ninguno de estos policías están armados, y mucha gente esto no lo sabe: sus armas son los gases, las sónicas, son armas de disuasión. Si una persona muere en una manifestación es por un cartucho de gas que le pegó en la cabeza o algo así. Están indefensos porque las gente los ve como Robocop, pero ellos no tienen blindaje: la armadura es de plástico.

“Son como monjes de la Edad Media. En el sur de Bogotá están concentrados en unos galpones y siempre disponibles, cuando se presenta una manifestación los activan, tienen pocos minutos para ponerse el uniforme, tienen algunos vehículos blindados y van al lugar donde pueden estar entre 2 y 12 horas. Tienen que mandar una imagen de control de la situación: no pueden sentarse a descansar o a comer.

“Me comentaron que ellos saben que tienen el uso de la fuerza del estado. Muchos de ellos son hijos de campesinos, de origen popular, y la diligencia que más les duele es la de desahucio, ellos son los que tienen que sacar de ahí a las familias pobres que no tienen donde ir. ‘Por suerte tenemos un casco con protector para poder llorar tranquilos’, me han dicho.