Secreto-bancario-900

El secreto que guardan los suizos

Suiza, próximo rival de la Argentina, es conocido por su sistema bancario: clientes de cualquier rincón del mundo tienen garantizada en este pequeño y próspero país la confidencialidad de sus movimientos financieros.
El secreto bancario, la característica más resaltada de este, designa la interdicción que tienen los bancos suizos de ceder a terceros informaciones sobre los titulares de sus depósitos; sin embargo, la protección no es absoluta. En cierto modo, el secreto bancario es para el banquero lo mismo que el secreto médico para el médico. El depositario del secreto es el cliente, no el banco. El banco no está autorizado a levantar el secreto bancario por su propia iniciativa, es el cliente quien puede eximirle del deber de guardar secreto y autorizarle o incluso obligarle a comunicar informaciones protegidas bajo el secreto bancario. Los empleados del banco que incumplan esta obligación, pueden ser encarcelados o multados.

El Secreto Bancario

El secreto bancario goza de una larga tradición de discreción, en la que se forjó la reputación de los banqueros suizos. Desde 1935, se ha incorporado expresamente en la legislación suiza. Sin embargo, el secreto bancario no es exclusivo de la legislación suiza: existe en varios otros países con un sistema bancario y financiero muy desarrollado, incluso si se aplica de manera diferente.
Ningún otro aspecto del sistema bancario suizo está rodeado de tantos mitos, leyendas e ideas erróneas como el secreto bancario. Para algunos, el secreto bancario suizo es una marca suiza, inexpugnable como una fortaleza. Para otros, es una institución dudosa, incluso perjudicial que hay que combatir políticamente. Ambas percepciones chocan con la realidad: el primer punto de vista se ha exagerado positivamente, mientras que el segundo está cargado negativamente. La realidad es diferente.
El secreto bancario prohíbe a bancos suizos revelar información acerca de sus clientes, aunque esta protección no es absoluta. En cierto modo, el secreto bancario es para los banqueros lo que el juramento hipocrático es para los médicos. En otras palabras, está ahí para proteger al cliente, no el banco. El banco solo no puede levantar el secreto bancario. Sin embargo, el cliente puede aliviar el banco de su deber de confidencialidad y permitir o incluso requerir que se devele información protegida por la ley de secreto bancario. Los empleados del banco que violen ese deber pueden ser encarcelados o multados.
En diciembre de 2012, el gobierno suizo finalizó su estrategia contra el lavado de dinero para la plaza financiera suiza. Esta afirma en términos muy claros que Suiza se compromete a gestionar los activos financieros sólo declarados. Por otra parte, con el impuesto propuesto, la fuente es anónima y Suiza reconcilia dos preocupaciones legítimas: el derecho de los países a recaudar impuestos, por un lado, y los derechos de los ciudadanos a la protección de su privacidad personal en materia financiera, por otro.

Límites del Secreto Bancario

Siempre ha habido un límite al secreto bancario suizo: ni los lavadores de dinero, ni los terroristas pueden esconderse detrás de él, ni puede hacerlo una persona sospechosa de corrupción u otros delitos graves. Numerosas disposiciones del derecho civil, el cobro de deudas y la ley de quiebras, el derecho penal, el derecho penal administrativo y la asistencia mutua en materia penal prevén excepciones al secreto bancario. En consecuencia, el secreto bancario puede ser levantado contra la voluntad del cliente en el orden de una autoridad judicial o de supervisión.
Por otra parte, en marzo de 2009, el gobierno suizo decidió retirar sus reservas al artículo 26 de la Convención Modelo de la OCDE en lo que respecta a la asistencia administrativa en materia fiscal. En consecuencia, los bancos suizos pueden suministrar información sobre una base de caso por caso, a una autoridad fiscal extranjera en respuesta a una solicitud específica y justificada. Sin embargo, la privacidad financiera de los ciudadanos que no han actuado de forma ilegal se mantendrá intacta.

Gran Salto del Sistema Bancario Suizo

Suiza es conocida, al igual que Alemania, como un país civilizado, y por lo que nos mostraron los países occidentales, ese adjetivo está más cercano a crímenes brutales y genocidios que a un racionalismo humanista de seres superiores. Suiza, con su supuesta neutralidad, estuvo muy cerca de ser aliado de los nazis y partícipe del saqueo material de los pueblos judíos sometidos.
Algo indicaba que tenía que haber existido alguna razón más, aparte de su neutralidad, para no ser invadida por un vecino voraz como era la Alemania nacionalsocialista de aquellos momentos. Alemania gozaba de una situación geográfica y estratégicamente aventajada. Dotada de una barrera natural como son los Alpes, hubiera sido muy fácil defenderla rechazándose así la última ofensiva aliada. A comienzos de los años ´30 muchas familias judías llenas de temores y de presagios de que algo peor se avecinaba, comenzaron a huir del régimen hitleriano. Las opciones como destino eran variados, no obstante, Suiza se prestaba como una de las mejores opciones por su proximidad y por el gran prestigio que gozaba el mundo bancario.
Las familias judías, muchas de ellas asentadas, en un principio se llevaban todo el oro que tenían, para invertirlo en los bancos, aunque más tarde, el fin de llevarse el preciado metal era para poder negociar su libertad con los suizos. Toda la riqueza que mayoritariamente se encontraban en manos de los judíos, fluía sin ninguna barrera a Suiza. Al inicio de la guerra, Suiza se manifestaba como un país refulgente de prosperidad y respetado por todos, debido a su supuesta neutralidad. Lo que no se llegó a sospechar la población judía es, que llegaran al oro para ser devuelto a las autoridades alemanas, que anteriormente ya los habían identificado con una “J” en su pasaporte. Entre el gobierno y los bancos suizos existía un pacto ya y secretamente llevado a cabo para colaborar con la Alemania nazi. Suiza se llegó a convertir en una trampa mortal para todas aquellas familias judías que veían en ella la última esperanza para sobrevivir. Al principio de la guerra no eran devueltos inmediatamente. Se les permitía quedarse una temporada en ese país neutral, para que tomaran la confianza necesaria con el fin de depositar sus bienes materiales en las cuentas bancarias. De la población que se acogió antes del comienzo de la II Guerra Mundial, aproximadamente 30.000 refugiados judíos, fueron devueltos a su lugar de origen. Anteriormente habían sido desfalcados por los suizos, que llegaron incluso a subastar sus cuadros y títulos de acciones por precios desdeñosos. Los banqueros supieron sacar más provecho de la guerra que de la paz.
El destino de las cuentas bancarias después de la guerra fue un auténtico negocio burocrático. A los familiares de las víctimas del holocausto se les exigía un certificado de defunción, para poder liquidar las cuentas, aun sabiendo, que eso era imposible, ya que en los campos de concentración no expedían jamás esos documentos. Y así todo el oro permaneció en los sótanos de los bancos suizos, haciendo el negocio de “su vida”. Los bancos destruyeron toda la documentación relacionada con la procedencia de los tesoros depositados, con el fin de desmentir la existencia de esas cuentas a las personas que volvían a reclamar su dinero. Muchos llevaban los números de las cuentas apuntados en un simple papel cuando se dirigían a las entidades bancarias donde se les comunicaba que esas cuentas no existían.
Los campos de concentración alemanes, a las víctimas gaseadas se les extraían los dientes con coronas de oro, incluso antes de asesinarlas. Ese oro se destinaba para que fuera refundido en lingotes y posteriormente enviado al Banco Central del Tercer Reich en Berlín.
El oro expoliado a los países invadidos por los nazis era igualmente enviado al Banco Central. Adolf Hitler decretaba el saqueo sistemático en el mismo momento, en que los ejércitos alemanes asaltaban un país. Este hecho se originaba en países como Polonia, Países Bajos, Checoslovaquia, Grecia, Letonia, Lituania, Noruega, Luxemburgo, Bélgica donde se hacían con las reservas de oro y divisas de los países ocupados. La cantidad de toneladas en oro que fluyeron al Reichsbank en pocos años es inestimable.
Una vez comenzada la guerra, el dinero alemán no era reconocido por los países exportadores de estas materias primas, en este momento vuelve a participar Suiza cambiando oro judío por divisas. Suiza tenía conocimiento seguro sobre el dinero que había en Alemania antes de la guerra, por lo que el oro debía de ser robado o tenía una procedencia como mínimo dudosa. En ese momento se sabía, que procedía de los campos de concentración.
Los aliados lejos de aberrarse por los actos de la alianza suizo-alemana concluyeron, que se debía de presionar a Suiza, para que compartiera con ellos el “botín de guerra” y el dinero que habían obtenido de los judíos. Pero este hecho cayo en el presunto olvidó por la incipiente guerra fría. Occidente necesitaba que Suiza y Alemania continuaran desarrollándose como país fuerte, para sostener el mercado mundial. Incluso surgieron sospechas, que miles de millones fueron ocultados en Suiza por parte de la industria alemana, utilizándose para financiar el milagro económico de la posguerra en la Alemania que prosperó inimaginablemente en pocos años.
Pero Suiza no fue solamente un aliado económico en la guerra para los Nazis, también era proveedores armamentísticos se convirtió en la gallina de los huevos de oro. Las fábricas de armamento suizas exportaron grandes cantidades de armamento a Alemania. El liderazgo de Suiza, incluso hoy, en mecánica de precisión, fue substancialmente valioso para Hitler y los suyos. Los sistemas de mira de los cañones, las ametralladoras de precisión y los morteros, además de los cañones antiaéreos, fueron producidos en Suiza a marchas forzadas para el país vecino. La ubicación geográfica de estas fábricas suizas era otro factor decisivo, ya que se encontraban en terreno neutral, no pudiendo ser bombardeadas por los aliados. Esta situación se mantuvo así a lo largo de la guerra hasta pocos meses antes de su consumación. Suiza se vio obligada a cesar su producción para Alemania, cuando los aliados se percataron de esta circunstancia, amenazando a Suiza con represalias.
En los últimos años las crisis financieras globales han despertado en los países afectados una renovada sed de impuestos y de gestos hacia los electorados desencantados. Por lo tanto los estados presionan a la banca Suiza para levantar sus secretos. Tienen claro que el dinero europeo ya no tiene futuro; piensan que muchos europeos no depositarán sus ahorros en Suiza si tienen que declararlos. Por eso, la pelea se centra ahora en el botín emergente, fortunas procedentes de América Latina, Asia, Oriente Próximo y hasta África, cuyos países no van a exigir transparencia y en los que las fortunas escapan más de la inestabilidad política y monetaria que del fisco. Los grandes bancos con oficinas en otros continentes, han empezado a sacar de Suiza discretamente a sus clientes europeos.

Bancos Destacados

A finales de 2008, había 327 bancos en Suiza, incluyendo las sucursales de bancos extranjeros. Sin embargo, el mercado interior está dominado por dos colosos bancarios (UBS y Credit Suisse). Junto a su participación en los depósitos domésticos y préstamos se sitúa en más del 30%, y sus activos totales son aproximadamente seis veces mayor que el Producto Interno Bruto de Suiza.
A su vez podemos dividir las bancas en diversos grupos:

1. La banca privada es una tradición de siglos en Suiza. El banco privado primero registrado data del siglo 17. Los banqueros privados asumen responsabilidad ilimitada para sus negocios; si se van a la quiebra, que pueden perder toda su fortuna privada.Con la evolución del mercado bancario, los banqueros privados se enfrentan cada vez mayor competencia de los grandes bancos, que ahora ofrecen servicios similares.
2. Suiza también tiene una red de bancos cooperativos, con 537 sucursales, principalmente en las ciudades y pueblos más pequeños. Basado en el “modelo Raiffeisen”, todas las sucursales operan con total independencia, y sus miembros no sólo participan en la toma de decisiones, pero también tienen la responsabilidad conjunta de la fortuna de su rama.
3. La banca islámica: El primer banco privado islámico, el Banco Faisal, abrió sus puertas en Ginebra en 2006. Targeting clientes no suizos e islámicos ricos, que ofrece servicios de gestión de activos compatibles con las prácticas de la banca islámica. Varios bancos suizos ahora tienen sucursales en el Oriente Medio que ofrecen servicios similares.

Escuchá la conclusión de Matías Tombolini acá:

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.